¿Por qué a tu peque le cuesta tanto perder?
Perder es frustrante a cualquier edad, pero para un niño pequeño puede ser enorme. Todavía está aprendiendo a esperar, a aceptar que las cosas no salgan como quiere y a separar «he perdido» de «soy peor». Cuando además el juego le importa mucho, la emoción llega antes que cualquier razonamiento.
Las reacciones intensas forman parte del desarrollo. La Academia Americana de Pediatría (AAP) explica que las rabietas o berrinches son parte normal del desarrollo, son más frecuentes entre 1 y 3 años y suelen calmarse después de los 3, aunque no desaparecen del todo. Perder una partida es uno de esos momentos que todavía pueden desbordar a un niño de 4, 5 o 6 años.
La parte buena es que saber perder se aprende, y se aprende practicando. KidsHealth recuerda que los niños no siempre saben cómo ser buenos jugadores, así que les toca a los adultos dar ejemplo.
Cómo leer este cuento con tu peque
- Léelo en un momento tranquilo, lejos de una partida. Si lo lees justo después de un enfado, puede sonar a reproche.
- Fíjate en el cuerpo de Sofía. Cuando ve que Lucía juega muy bien, cruza los brazos y dice «No es justo». Pregunta: «¿Qué crees que siente? ¿Tú también cruzas los brazos cuando te enfadas?». Reconocer las señales es el primer paso para pararlas.
- Señala lo que hace la abuela: no la riñe ni le dice que no pasa nada. Se da cuenta, le pregunta con cariño qué le pasa y la escucha. Después le cuenta su propio truco.
- Practicad el truco juntos. La abuela respira hondo y recuerda que el juego es divertido. Parad en esa página y respirad los dos: tomar aire por la nariz y soltarlo despacio, como apagando una vela.
- Habla del final. Sofía no gana, pero se lo pasa genial y da las gracias a su abuela y a Lucía. Pregunta: «¿Qué fue lo mejor de jugar, aunque no ganara?».
Qué decir y qué evitar
| Mejor decir | Mejor evitar |
|---|---|
| «Estás frustrado porque querías ganar. Es normal.» | «No es para tanto, solo es un juego.» |
| «Vamos a respirar hondo, como Sofía y su abuela.» | Dejarle ganar siempre para evitar el enfado. |
| «¿Qué jugada te ha salido mejor hoy?» | Burlarse o celebrar a lo grande delante de quien pierde. |
| «Has seguido jugando aunque ibas perdiendo. ¡Eso es difícil!» | Castigarle con no volver a jugar nunca más. |
Pequeños cambios que ayudan
- Da ejemplo cuando pierdes tú. Di en voz alta: «Vaya, he perdido. Me da un poco de rabia, pero ha sido una partida muy divertida». El Mount Sinai Parenting Center insiste en revisar nuestras propias reacciones al ganar y al perder.
- Elogia el esfuerzo, no el resultado. Fíjate en cuando espera su turno, sigue jugando aunque vaya perdiendo o felicita al otro.
- Practica perder en casa. Partidas cortas y sencillas, donde a veces gana uno y a veces otro. Perder en un entorno seguro es el mejor entrenamiento.
- Pregunta por lo que hizo bien. KidsHealth sugiere no centrarse en quién ganó, sino preguntar «¿Qué hiciste bien?» o «¿Hay algo que te gustaría hacer mejor la próxima vez?».
- Una frase para rebotar. Una frase corta que pueda repetirse, como «A veces se gana, a veces se aprende», le ayuda a recuperarse más rápido.
- Un plan antes de empezar. Antes de la partida, recordad juntos qué haréis si vais perdiendo: respirar como Sofía, decir «buena jugada» y seguir jugando. Así el plan ya está listo cuando llega la emoción.
- Juegos cooperativos de vez en cuando. En ellos todos ganan o pierden juntos, y sirven para practicar turnos y paciencia con menos presión, sin sustituir a las partidas en las que se puede perder.
Si el enfado termina a menudo en rabieta, berrinche o pataleta, puede que te sirva también nuestro cuento para rabietas.
Cuándo un cuento personalizado ayuda más
Cada peque tiene su juego difícil: el parchís, las cartas, una carrera en el patio o un partido en el colegio. En NeuroStories puedes crear un cuento con tu peque como protagonista, jugando a ese juego concreto con su familia o sus amigos, en caricatura. Verse a sí mismo perdiendo, respirando y volviendo a disfrutar le ayuda a ensayar el momento antes de que llegue. Es la idea de las historias sociales: anticipar la situación y mostrar cómo afrontarla.





